Causas y Tratamiento de la Tendinitis

La tendinitis es una afección inflamatoria que afecta a los tendones, estructuras fibrosas que conectan los músculos con los huesos. Esta inflamación puede ser aguda, es decir, ocurrir de manera repentina debido a una lesión, o puede desarrollarse de forma crónica, a menudo como resultado de un uso excesivo o de movimientos repetitivos. Las áreas más comúnmente afectadas por la tendinitis incluyen los hombros, los codos, las muñecas y las rodillas, aunque puede ocurrir en cualquier tendón del cuerpo. Esta condición es más frecuente en personas que practican deportes o actividades que implican movimientos repetitivos, como los trabajadores manuales, los músicos y los atletas.
Las causas de la tendinitis son variadas y pueden incluir tanto factores intrínsecos como extrínsecos. Entre los factores intrínsecos se encuentran la edad avanzada, ya que los tendones pierden elasticidad y fuerza con el tiempo, así como factores anatómicos individuales como la desalineación de la articulación debido a problemas estructurales. Entre las causas extrínsecas se destacan el sobreuso, sobre todo en actividades que implican movimientos repetitivos o esfuerzo excesivo, y las lesiones traumáticas, como golpes directos en el área del tendón. También puede ser causada por enfermedades sistémicas como la artritis reumatoide o la diabetes, que pueden afectar la salud del tendón y aumentar el riesgo de inflamación.
Los síntomas de la tendinitis pueden variar en intensidad, pero los más comunes incluyen dolor y sensibilidad alrededor del tendón afectado, especialmente durante el movimiento. El área puede sentirse caliente y estar hinchada, y es posible que se experimente una rigidez que limita el rango de movimiento. En algunos casos, puede haber una sensacion de "crujido" cuando se mueve la articulación afectada. Estos síntomas pueden interferir significativamente con las actividades diarias y, si no se tratan, pueden llevar a complicaciones más serias como la rotura del tendón.
El tratamiento de la tendinitis generalmente comienza con medidas conservadoras, como el descanso del área afectada y la aplicación de hielo para reducir la inflamación y el dolor. Los antiinflamatorios no esteroides (AINE) pueden ser recomendados para aliviar el dolor y la inflamación. La fisioterapia es una parte clave del tratamiento, ayudando a fortalecer el músculo y aumentar la flexibilidad del tendón mediante ejercicios específicos. En casos más severos, donde el tratamiento conservador no es efectivo, puede ser necesaria la intervención quirúrgica para reparar el tendón dañado. Métodos más recientes como las inyecciones de plasma rico en plaquetas (PRP) también están siendo explorados por su potencial para acelerar la recuperación.
La prevención de la tendinitis se centra en evitar el sobreuso y los movimientos repetitivos, así como en la mejora de la ergonomía y la técnica en las actividades físicas y laborales. Es crucial tener períodos adecuados de descanso y realizar ejercicios de fortalecimiento y estiramiento regularmente. El calentamiento antes de practicar deportes y el uso de equipo adecuado también son medidas preventivas importantes. Mantener una buena postura y corregir cualquier desalineación estructural también puede ayudar a prevenir la sobrecarga de los tendones.
La importancia de un diagnóstico temprano de la tendinitis no puede ser subestimada. Un tratamiento precoz puede prevenir la progresión de la inflamación a una etapa crónica y evitar complicaciones más graves como la rotura del tendón, que requeriría una intervención quirúrgica y un período de recuperación mucho más prolongado. Los profesionales de la salud pueden utilizar pruebas de imagen como ecografías y resonancias magnéticas para confirmar el diagnóstico y evaluar la extensión del daño. El diagnóstico temprano y un enfoque de tratamiento integral son fundamentales para una recuperación exitosa y para permitir a los afectados volver a sus actividades normales con un mínimo de dolor e incomodidad.